Canastos de carrizo

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Artesanos de canastos de carrizo

Benito José Martínez
Gudelia Martínez García
Canastos de carrizo
San Juan Guelavía
Tlacolula, Oaxaca

Cuando uno tiene oportunidad de ver, generalmente cerca de un río o arroyo, esos largos y firmes bejucos conocidos como carrizos, que alcanzan hasta cuatro metros de altura, probablemente no los imagina convertidos en un hermoso canasto: cargado de fruta o verdura, de vuelta del mercado; puesto a la mesa, con fresco pan en su interior; lleno de comida o de flores en alguna fiesta patronal, ya sea equilibrándose maravillosamente en la cabeza de alguna mujer, o balanceándose plácidamente a lomos de un burro. Y esa es la magia que realizan las manos de Don Benito y su esposa Gudelia.

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Sin embargo, como sabemos, toda magia inicia desde mucho antes, con preparación y arduo trabajo: desde temprano, para que el calor no los sofoque, don Benito maneja el triciclo que lo conduce a él y a doña Gudelia a la zona donde cortan el carrizo. Es necesario elegir carrizos tiernos, pues el trabajo requiere un material flexible. Con rapidez pero con cuidado, pues el carrizo ya cortado es sumamente filoso y sus astillas y hojas pueden lastimar manos y pies, doña Gudelia da una primera limpieza a los sesenta o más carrizos que pueden transportar en una sola carga.

Trabajo que comienza muy temprano por la mañana

Ya en casa, los carrizos se limpian bien, quitando los restos de hojas y basura. Algunos de ellos se queman superficialmente en una fogata, para dar un color café a los carrizos que ayudan a decorar las piezas. Después, para tener listo el material necesario, todos los carrizos se cortan en tiras largas llamadas “correas”, anchas o angostas según la parte del canasto que formarán.

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La elaboración de un canasto se inicia entrelazando varias correas para formar una estrella, cuya longitud y disposición definirán el acabado, el tamaño, los colores y el uso de la pieza. Cuando va a elaborarse una figura cóncava, los carrizos deben mojarse para mantenerlos flexibles y evitar que se rompan. Aunque la experiencia y habilidad de los artesanos es evidente, la labor no está exenta de riesgos, pues además del filo natural del carrizo, se trabaja con cuchillos y otros instrumentos de afiladas hojas, de lo cual dan testimonio las manos y brazos de don Benito y doña Gudelia.

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En sus inicios, esta pareja elaboraba únicamente canastas utilitarias, rústicas, de los tipos conocidos como “de burro” y “pizcador”, de tamaño grande. Sin embargo, en 1984 una persona de un pueblo cercano tuvo la oportunidad de ir a Taiwán, China, y trajo consigo el conocimiento para un modelo más delicado y perfeccionado, que ahora esta pareja de artesanos también elabora.

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Actualmente, la variedad de sus productos es impresionante: lámparas, cestos, fruteros, tortilleros, muebles, elementos decorativos para techos y muros; botellas forradas y muchos otros. Más aún, Alma Ruth, hija de la pareja, elabora aretes, pulseras y collares con carrizo, con la misma delicadeza y dedicación que sus padres.

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Afortunadamente, gracias a su dedicación y esfuerzo, estos artesanos han logrado sobresalir, y han tenido oportunidad de llevar sus artesanías a otros lugares del país, donde además, mostrando su espíritu generoso, han compartido sus conocimientos y experiencias con otras personas.

La artesanía de carrizo, al igual que otros tipos de arte popular, es poco valorada porque se desconoce el tiempo y el esfuerzo que implica elaborarla, y hay quienes incluso buscan obtener un precio aún más bajo por estas maravillas de la creatividad. A pesar de ser el carrizo un material humilde, es importante reconocer y admirar a todos aquellos quienes han logrado transformarlo y crear hermosas piezas como las que don Benito y doña Gudelia han hecho surgir de sus manos a lo largo de su vida.

San Juan Guelavía from Raíces de la Creación on Vimeo.

 

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