Telar de cintura, Santo Tomás Jalieza

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Familia Hernández Salones
Telar de cintura con hilo de algodón
Tintes naturales y anilina
Santo Tomás Jalieza, Oaxaca

Seguir una pasión requiere compromiso. Cuando Nelson y Wendy, ambos arquitectos, decidieron que sus raíces eran más fuertes que su profesión, pusieron en primer lugar a sus hijos y a sus tradiciones: tejer la historia de su vida, dando importancia a lo que contribuiría a preservar en ellos la historia de una familia, la historia de un pueblo: Santo Tomás Jalieza.

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Para el linaje de Nelson y Wendy  es una tradición comenzar, desde los 6 años de edad, a utilizar un telar de cintura. Entre juegos y risas, en un entorno de amor, aprenden a pasar los hilos de colores en la urdimbre, a usar el peine, el machete, el yugo, el mecapal, y a hacer surgir las figuras que de generación en generación se han transmitido; danzantes, venados, flores de cacaloxúchitl, flor de piña, búhos, perros y una infinidad más de formas, muchas de las cuales poseen significados que tienen origen en la época prehispánica.

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Pese a que los artesanos suelen intercalar el tiempo de tejido —hasta diez horas al día— con sus labores cotidianas, elaborar una pieza, desde la preparación de los materiales, es todo un ritual. Además, el estado de ánimo suele influir en la fluidez y la armonía de la labor. Incluso existe una antigua creencia entre los tejedores, que dice que si alguien “brinca” o pasa encima del telar de otro provocará que no termine su pieza.

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Los productos que la familia Hernández Salones elabora (bolsas, caminos de mesa, pulseras, monederos, morrales, cinturones y muchas otras piezas) están hechos con las combinaciones tradicionales de color, tejidas a 5, 11, 21, 25 y 45 hilos, que son las medidas tradicionales. Sin embargo, ellos han introducido innovaciones, creando piezas de 27, 29, 61 y hasta de 91 hilos, que definen el ancho de una pieza.

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Además de ello, para lograr la alta calidad que buscan en sus productos, sólo confían el trabajo de la hechura de los “peines” —una pieza del telar que sirve para enhebrar los hilos de la urdimbre— a un poblador de Jalieza, pues lograr la precisión de las ranuras y de los nudos entretejidos de nylon en tamaños especiales es lo que permitirá. Esto reviste una gran importancia no sólo para la calidad del tejido sino por la inversión que supone, pues un telar puede llegar a costar hasta dos mil pesos.

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Por si fuera poco, estos artesanos también elaboran piezas con hilo teñido con tintes naturales como el achiote, que produce el color salmón; el órgano nogal, que produce el gris; o el huizache y la cáscara de nuez, que generan un color café. Todo ello agrega un mayor valor a sus piezas.

El secreto del trabajo fino es el “levantado” y “aplastado”, utilizando hilo delgado. El tejido tradicional se hace con hilo de algodón, pero recientemente se ha comenzado a usar hilo tipo seda o de costura, para lograr mayor finura en la pieza. El tejido llamado “de pasadas” es, digamos, más sencillo, pues se realiza cruzando los hilos de la urdimbre por un hilo de la trama.

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Para Nelson y Wendy, crear una pieza es labor de hombres y mujeres. Por ello, enseñan a sus hijos el valor de su herencia y la pasión por conservar vivas sus tradiciones. Diariamente, a través del trabajo, buscan inculcarles la conciencia sobre la importancia de esta labor y sobre la necesidad de apreciar la belleza y la naturaleza únicas de cada pieza, como un hermoso modo de compartir con otros esos valores, y la enorme riqueza de un legado que ya es intemporal.

Santo Tomás Jalieza from Raíces de la Creación on Vimeo.

 

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